Una crisis de la Celiaca, superada

Celiacos de Mexico Mi llegada al hospital fue alrededor de las 01.00 horas del lunes 31 de mayo pasado. Corrí con mucha suerte; en el mostrador o la barra como le llaman ellos, estaba la doctora Citlalli; ella conocía de mi situación de enfermo celiaco, porque hace poco más de un año, estuvo a mi cuidado en la misma área de Urgencias. Mucha suerte y coincidencia, porque como me dijo otro médico pocas veces sucede y sí, que me lo digan a mi.

Ese día mi estado de salud comenzaba a deteriorarse a grados extremos. Pasé un sábado ya con ciertos malestares y dejé de comer; prácticamente me la llevé a agua de limón y un poco de fruta para no tener el estómago vacío. Mi debilidad comenzó a provocar trastornos dentro de mi organismo. Pasé ese día. Todavía me di tiempo para entrevistarme con Keith, un gringo celiaco que trata de ayudar, porque dice, tiene un gran compromiso con México y esa es la forma de hacerlo.

El domingo, me levanté para ver el futbol, jugaba la selección de México con la de Ghana, en su preparación para el Mundial que comienza el próximo viernes en Sudáfrica. Comí un poco de fruta y agua nuevamente. Me recosté en la cama de mi hijo, que salía a trabajar y de ahí ya no me levanté, hasta por la tarde, que me preparé un poco de zanahoria con limón y sal y una quesadilla. Sólo para no dejar la panza vacía. Hambre no había.

Ya por la noche me pasé a mi cama, improvisada en la sala y mi estado no era nada óptimo. Muy débil, sin poder conciliar el sueño y la diarrea había intensificado. Parecía que el agua quería salir por vías de desecho, sin avisar, incluso. Busqué ayuda. Hasta pasada la medianoche encontré a la madre de mis hijos y ella aceptó llevarme al Hospital (Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán [INCMNSZ]).

Llegué, como dije, ya de madrugada. Uno de mis hijos apareció en escena y él fue quien me acompañó hasta la revisión médica. Una silla de ruedas sirvió para mi traslado dentro del área de Urgencias. Casi resultaba imposible me pusiera de pie, por la debilidad que ya presentaba.

Me revisó la doctora Citlalli y dispuso mi internamiento para hidratarme, tomar muestras de sangre y analizar mi situación: el potasio abajo, los electrolitos abajo, la creatinina arriba. Los niveles nada riesgosos, pero tampoco aceptables. Monitoreo del corazón, porque mi presión era muy baja y mi respiración igual. La temperatura por encima de los 37.5 grados; nada para preocupar, pero si para atenderse.

De RCP, que le llaman al área donde me pasaron inicialmente, pasé a una camilla, la cuatro para ser precisos. Allí ya llevaba el suero vía periférica y el monitoreo permanente. A pasar agua a chorro y un par de ampolletas de Kcl, para recuperar lo perdido. La diarrea en pleno.

Ya por la tarde del lunes, el doctor Lacayo, un casi vecino en Jalisco, me informó que era necesario poner un catéter en el cuello, ese que va directo a la suplavia, porque es la forma de poder pasar en mayor cantidad electrolitos y, sobre todo el potasio. Se hizo en la sala de ultrasonido, por el riesgo que conlleva que yo estuviera anticoagulado.

El tratamiento real comenzó. Cada litro de suero era adicionado con cinco ampolletas de Kcl; antibiótico, porque había muestra de alguna posible infección que denotaba la presencia de glóbulos blancos en exceso. Comencé a sentirme mejor.

Permanecí el martes bajo tratamiento y los niveles llegaron a puntos de aceptación. Habría que esperar un poco solamente, porque resulta que el monitoreo indicaba que mi respiración es demasiado lenta y ello podría estarlo provocando alguna afectación en la tiroides. Se hicieron las pruebas, de las cuales aún no se conocen los resultados.

Finalmente el miércoles por la mañana me dieron de alta. Me mandaron a mi casa. Mis citas que tenía programadas fueron cambiadas algunas y otras desechadas. Esas ya fueron buenas noticias.

Me retiraron el anticoagulante, porque ya llevaba un año y no hay muestras de daños en los pulmones. Fiu, la libré de esa. Más aún, mi cita con Nefrología fue cancelada porque aunque la creatinina aumento un poco con la deshidratación, el riñón tampoco arroja daño alguno; una más de la que salgo. Sólo me faltó mi cita con el doctor Uscanga, pero fue cambiada para dentro de un mes más.

Lo único malo es que la esterocortisona se mantiene en 20 mgm. y eso me sigue afectando los ojos, que llevan una pérdida de 4 dioptrías. Avanza muy aceleradamente.

Mi dieta, bueno, por lo menos tuvieron el cuidado de no darme cosas que me hicieran daño, aunque sí frutas que me laxan más de la cuenta, como papaya, melón o plátano. Bien en esta ocasión; de la cocina no me puedo quejar.

Claro debo dar las gracias a la doctora Citlalli, el doctor Lacayo y a una tercera doctora que me atendió, de la que por desgracia no recuerdo su nombre; de hecho nunca lo supe.

De igual forma a enfermeras como Chuy –que me conoció hasta las amígdalas, porque fue ella quien me realizó el baño completo el martes-, Lorena, Celia, Dinora, y varias más de las que no recuerdo el nombre, pero que igual se portaron de lo mejor conmigo.

Además, debo reconocer el esfuerzo de una amiga de la familia, Blanca, que estuvo al tanto del proceso médico e informó en Guadalaja, a mis hermanos de mi estado de Salud. No se diga la madre de mis hijos, que tuvo que duplicarse para poder estar a las horas de las microvisitas y reportarme las novedades y yo darle el parte médico.

Por supuesto a mis hermanos que tuvieron que cubrir los gastos de la hospitalización, que aunque no muy costosa, sí resulta honerosa por ser dinero con el que  no se cuenta. Gajes de esta “encantadora” enfermedad.

Una crisis más de la Celiaca superada, pero con noticias positivas, por lo menos en lo que concierne a enfermedades adicionales.

Así es que seguimos vivitos y coleando.

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de Oscar Hernandez H Publicado en Sin categoría

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