La realidad, desde mi ventana

Mi ventana

Óscar Hernández H.-

”El tiempo pasa y no te puedo olvidar” cantaba Antonio Aguilar a la letra de Julio Chaidez de aquella inolvidable canción  “Tristes Recuerdos” y yo veo como a través de mi ventana el tiempo transcurre, mientras yo sentado frente a un monitor y un teclado de computadora dejo mis años de vida, por  horas diarias. Veo como el país se desgaja sin que nadie pueda hacer por él. Sueño que un día este México nuestro cambiará y la incapacidad, la corrupción, la colusión y los malos actores políticos se acabarán. Pero eso es sólo un sueño que transcurre frente a la mirada que echo por la venta de mi nuevo hogar.

Desempleado, desde hace ya más de tres años; aquejado por una enfermedad que afecta a millones en el mundo, pero que nadie quiere ver; casado con mi profesión a través de dos blogs que alimento a diario perionotas.com.mx y alertaperiodistica.com.mx y de vez el cuando uno especializado en ese mal, ante el cual en México todos cierran los ojos, incluso aquellos que lo recienten: celiacosdemexico.org.mx. Así vivo mi vida a diario.

Duermo, o trato de dormir, pero me despierta un sueño incansable durante la madrugada de este domingo 08 de noviembre de 2009: “Detuvieron al Chapo Guzmán”, me dice mi subconsciente, quizá en lo más profundo de mi casi despertar. “Genaro García Luna y Felipe Calderón lo protegían, dice el capo”. Me despierto o no. Pero abro los ojos y veo que aún estoy en mi cama, semidormido y que todo es, realmente, un sueño, ese que añoro se haga realidad. Por que este país no avanza por esa colusión que se da entre las autoridades con los capos y esa sobreprotección que pensé que era sólo digna de una madre o un  padre para con sus hijos. No, también se da en el medio político y en estos tiempos modernos, aunque en ello vaya la vida de millones de mexicanos.

Abro los ojos y veo en mi entorno pensante –¡ah! piensa, dirán algunos- como existen, o existe, mejor dicho, un presidente municipal que es capaz de retar al país entero y acabar con un delincuente mayor, tan sólo porque lo amenazó de muerte y ahora tiene el poder, menor, pero tiene el poder –dicen que vale más ser cabeza de ratón que cola de león- y después salir en todos los medios a dar explicaciones de que si su “grupo de inteligencia”, que si “grupos de limpieza”, que si “comando de la muerte”, le llaman otros. Las autoridades lo amenazan con echarle todo el peso de la ley encima. Él parece alinearse, pero no quita el dedo del renglón.

Pero el hecho es que a un lado de su municipio matan a un general brigadier, a tres días de haber asumido el cargo, el mismo día que el munícipe en mención. Lo acribillan junto con sus cuatros escoltas. ¡Ah! pero leo cómo el presidente de este país nos dice que la violencia y la delincuencia disminuyen. Veo como en Ciudad Juárez hay un ejército completo; miles de soldados patrullan las calles y me doy cuenta de la incapacidad para abatir a la delincuencia. ¿Qué le gusta ocho, diez, doce muertos diarios sólo en Ciudad Juárez? y cada vez con mayor saña, fusilados, masacrados, decapitados, mujeres, niños; a nadie respetan ya. Sí es cierto, todos los días también hay aseguramientos de armas, de drogas, detenidos; pero la realidad es que se están matando a gente inocente, a policías, a militares, a ministerios públicos, muchos de ellos por estar el ligas con el mismo crimen organizado y luego querer arrepentirse, como le sucedió a los agentes baleados en Tijuana apenas hace un par de días; lo que pagó un civil ajeno totalmente a esos actos de corrupción.

La mirada fija en el exterior de mi casa me hace tratar de atar cabos y ver como aquella fuga del 1° de enero de 2000, cuando el gobierno de Vicente Fox comenzaba, ha traído al país mayores consecuencias trágicas para México. Y veo como el empecinamiento del actual gobernante por mantener a un “presunto delincuente” en una área estratégica para el país impide que la seguridad tome un cauce real, de solución o diminución de la violencia que aqueja a la sociedad; a esa gente que no es cuidada por “guaruras”, por personal del Estado de Mayor, que nos cuesta a todos; de esos personajes públicos que avientan la piedra y esconden la mano, cuando frente a las cámaras o atrás de sus empresas periodísticas, hablan, pero que en la ciudad circulan “cuidados” por elementos de la Policía Federal, que el mismo Genaro García Luna les proporciona a costa del erario

Abro los diarios y ahora hasta la red social más famosa del mundo en internet y veo como un político fracasado se cuelga de todo para hacerse sentir entre aquellos cientos, miles, quizá, de ciegos seguidores, que creen que el “cambio” –como lo creyeron aquellos otros en el 2000, junto con su aliado mayor Ernesto Zedillo- es la opción en este país; un ciudadano común y corriente que critica  los grandes sueldos, los excesos en el poder, los “robos a los pobres”, pero que vive de ellos, que les saca el dinero a ellos y que se pone un sueldo que muchos de ellos quisieran por lo menos en un año. Un señor que vive de lo que critica y pasea por todo el país con el dinero de muchos empleados del Distrito Federal que les descuenta con ese sólo propósito: pagar el sueldo de quien aprendió a vivir de la limosna a costa de abrir la boca a diario y escupir lo que sus asesores le ponen sobre la mesa. Ese país es el que sueño que se acabará algún día.

Me doy cuenta de cómo la salud de los mexicanos se deteriora, con un Secretario al frente del sector, que amable, convincente, nos demuestra que los asuntos del estado en la materia, sólo son atendibles cuando se vuelven pandemia. Influenza AH1N1, dengue, son alguna muestra de ello. Yo, como enfermo celíaco tuve el desafortunado encuentro con él, para enterarme de que pese a ser gastroenterólogo y decir está enterado del problema, la dependencia a su cargo no puede atender a los Enfermos Celiacos, porque somos sólo un millón de mexicanos los afectados y no se ha convertido en problema de salud nacional.

Y si nos diéramos cuenta de que el problema es atendible, y de que miles de muertes se hubieran, y pueden, evitarse tan sólo con un buen diagnóstico médico y con una buena dieta; apoyada en su etiquetado con una ley que obligue a ello y a una leyenda simple que sólo diga “Sin Gluten”. México está en el contexto universal y existen sociedades pensantes, avanzadas, inteligentes, que hacen por su propia vida, que presionan y que pueden llegar hasta a conseguir apoyos económicos para estas dietas que son muy elevadas en sus costos. México está inmerso en esa coyuntura social en que miles de sus habitantes padecen de Enfermedad Celíaca,que a la postre deriva en muchas otras y que nos llevan a la muerte. ¿Cuántos tendremos que morir por comer gluten oculto para que las autoridades se den cuenta de que el asuntos requiere de su atención?

Este es el país con el que ahora me despierto. El país que me levantó de mi cama, cuando por la noche todavía me fui a dormir consciente de que sólo el sábado en Michoacán, había matado a unos hermanos; de que en Tijuana siguen las especulaciones sobre si el ataque al Hotel Corona iba contra los GOPES de la federal o no; de que si los policías de Nuevo León están o no ligados con el crimen organizado; de si los ministerios públicos asesinados en Mexicali iban a cobrar sus “cuotas de piso” o no y de si el “Chapo” Guzmán, o los Beltrán Leyva o los Arellano Félix, o los de “La Línea” o los de “La
Familia” o “Los Zetas” o Mauricio Fernández o “El Negro” Saldaña o García Luna, son los culpables de toda la delincuencia que hay en el país y que a diario cobra vida de inocentes. Y si no pregúntele a esos niños o niñas que han sufrido las consecuencias en Tamaulipas, el Chihuahua, en Baja California, en…

Por lo pronto, me desperté todavía entre la obscuridad de la noche, de una mañana que comienza clarear, con un Sol que apabulla e inicia su calentamiento, para darme cuenta de que muchos fueron sueños guajiros; de que mi sueño está mucho más allá de lo posible, que ver al “Chapo” tras las rejas está en árabe y que, mucho más, ver que caiga García Luna, por lo menos del poder, está más allá de lo verdaderamente alcanzable, por lo menos mientras su protector, su matriarca, esté en sentado en el bar de los pinos, al lado de sus comparsas, a los que ni siquiera caso les hace.

Volteo nuevamente a mi izquierda y echo una mirada más por mi ventana. El día está como para irse a echar un chapuzón a la alberca, relajarse y comenzar una semana más frente a las agujas, los médicos,el Hospital; una semana que será de dos cansados viajes en camión a la Ciudad de México; un par de días de comida riesgosa para mi salud. Una semana en que sufriré para subir información a mis dos blogs, por lo intenso de mi agenda; una semana en que podré encontrarme con la realidad de un México que sucumbe ante la incapacidad, la inoperancia e inconsciencia de su sociedad.

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de Oscar Hernandez H Publicado en Sin categoría

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