Viajar como celíaco por Latinoamérica, una travesía

Noelia, una joven celíaca diagnosticada hace dos años, vivió en carne propia, en una gira laboral por Latinoamérica, la desinformación que aún persiste en torno a la enfermedad
celíaca. A través de las anécdotas de esta carta, expresa sus reclamos, desilusiones y esperanzas.

Mi nombre es Noelia, soy celíaca. Estuve un mes de viaje y me resultó muy complicado mantener una alimentación acorde con mis necesidades. Una vez más, el viajar deja expuesto cuánta ignorancia existe alrededor de esta enfermedad.

Soy productora de televisión y los últimos años tuve la suerte de viajar por Latinoamérica haciendo castings y producciones especiales. Digo que tuve la suerte porque, desde que detectaron que padezco el síndrome de la mala absorción, viajar dejó de ser tan placentero como antes. Ahora es una verdadera travesía.

Me diagnosticaron la enfermedad celíaca en octubre de 2006, a mis 27 años. Nunca tuve síntomas, pero una anemia crónica hizo que investigaran más profundamente. Desde ese momento comencé estrictamente la dieta libre de gluten, que cambió mis 40 kilos por 50, modificó mi humor, y pronto sabré si cambiaron, también, mis estudios.

Hacía varios meses que ya sabía que iba a viajar por Latinoamérica, así que, con tiempo, comencé a investigar si conocían la enfermedad en la región. Viajaba por un mes a Caracas (Venezuela), Distrito Federal (México) y Bogotá (Colombia) y, como se trataba de un viaje de trabajo, sabía que no contaría con el tiempo necesario para recorrer supermercados.

Al comprar mis pasajes, avisé en las diferentes aerolíneas que era celíaca y que necesitaría un menú especial. Lo mismo hice en los tres hoteles donde me hospedé. ¿El resultado? Advertí que existe una terrible desinformación y que la EC carece de importancia en algunos lugares de Latinoamérica.

Por empezar, todas las aerolíneas reconocidas me dieron frutas, tanto para el desayuno como para el almuerzo o la cena, mientras el resto de los pasajeros tenían menús que incluían sándwiches, omeletes o snack. Aunque parezca muy simple, cuando pasás más de diez horasarriba de un avión necesitás comer algo más que frutas.

Los hoteles (todos entre cuatro y cinco estrellas), no sabían de qué se trata la EC. Durante el mes entero, sólo comí carne y pollo a la plancha, y ensalada. Nunca logré que entendieran que mi comida no podía contener gluten y que el gluten no está presente sólo en la harina sino que, en muchos casos, puede estar en sus condimentos y aderezos, o en enlatados.

Obviamente, tampoco pude comer galletitas ni pan, ya que a los demás huéspedes se les sirve un inmenso desayuno continental. Yo llevé galletitas y barritas de cereal en mi valija y en las de mis compañeros. Y llevé, también, un certificado sobre mi diagnóstico y mi necesidad de transportar esos alimentos, aunque no exista ley aduanera que lo permita en grandes cantidades.

Durante mi gira de producción, viajé con 22 compañeros. Uno de ellos, un camarógrafo, me preguntaba todos los días si era vegetariana, mientras miraba mi plato con ensalada… ¡y un gran bife! Parece que tener un menú especial convierte a cualquiera automáticamente en vegetariano. No lo culpo: una de las compañías aéreas me sirvió un sándwich de pan negro y pepino. ¡N0¡ ¡Soy celíaca, no vegetariana! Eso sí, la bandeja tenía una etiqueta que decía “Free gluten”.

Volví con cinco kilos menos, que luego logré recuperar en una semana sin salirme de la dieta. Pero haber padecido hambre no es poca cosa. Acaso, ¿eso no es discriminar?
Yo hago el esfuerzo de cuidarme y de moverme con mi comida, pero los celíacos necesitamos la libertad de elección. Ya bastante tenemos con la restricción del gluten.

De todos modos, rescato algunas pequeñas cosas positivas: al menos, las 22 personas que viajaron conmigo aprendieron qué significa ser celíaco, qué comemos y qué es la contaminación aérea, y hasta se cuidaron de no pinchar mi comida con sus tenedores. No es poco.

(Tomado de la revista Celico de Argentina)
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3 comentarios el “Viajar como celíaco por Latinoamérica, una travesía

  1. Gracias a Manifiesto Celíaco por este reconocimiento que hace Celíacos de México, más valor cuando viene de un luchador incansable por las causas de quienes estamos en esta travesía por nuestra subsistencia.

  2. yo vivo en mexico y desafortunadamente te entiendo, tengo 6 años de ser celiaco y 5 años de no comer trigo voluntariamente, aqui la gente es tremendamente ignorante acerca de la enfermedad celiaca y de los alimentos con trigo, cabe mencionar que la alimentacion de este pais no esta basada en mas maiz, sino esta basada en trigo, hasta los productsque dicen estan basados en harina de maiz tienen trazas de trigo, el ir a un restaurante es un martirio, mi intestino alcanza a detectar incluso las migajas que dejan de empanizados incluso cuando ordeno pechuga a la plancha.

    mucha suerte
    ser celiaco en mexico no es nada facil

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