Comparten más que la Vida

Comparten más que la Vida

Ser celíaco no siempre representa una vida cargada de intolerancias, molestias e incomodidades.
Óscar y Roberto son dos de mis hijos, pero primero que nada son dos individuos que han sabido hacer su vida, independientemente de sus padres.
A ellos no les ha importado sab
erse hijos de celíaco ni que en algún momento de su vida pudieran haber contraído la enfermedad
Ellos se han trazado una vida dentro del medio del espectáculo, prácticamente solos se abrieron camino y solos han encontrado su fama y éxito.
Han pasado por obras musicales de gran relevancia. Han brincado de una a otra de las puestas en escena y aunque su papel de bailarines los excluye de las marquesinas, sus actuaciones siempre saltan a la vista como dos de los mejores bailarines que tiene el medio artístico.
En mi calidad de periodista ha pretendido acercarlos a los medios, pero ellos, como siempre, no requieren de ayudas externas; lo logran sin apoyos de nadie y siempre sorprenden a propios y extraños.
A continuación transcribo la entrevista que en la edición de este jueves publica el periódico El Universal, curiosamente
uno de mis predilectos y de los mayor circulación en México.

Una prueba más de que la celíaquía no siempre se transmite de padres a hijos. En ¡Buenahora! para ellos y para nosotros, sus padres.

Los gemelos, Óscar y Roberto Hernández, han encontrado en el teatro musical en lugar para perfilar su carrera; están a punto de cumplir 25 años y no es extraño para ellos atraer las miradas de la gente, tratando de comprobar si efectivamente son idénticos o hallar alguna diferencia

Alejandro Cárdenas Ochoa
El Universal
Jueves 28 de diciembre de 2006

Óscar Hernández es actor y bailarín, y hace unos días inició temporada en el musical de Los productores, mientras que Roberto participa en el ensamble de coro y baile en la obra Hoy no me puedo levantar.

Además de ser hermanos, estos jóvenes artistas comparten la experiencia de ser gemelos.

Están a punto de cumplir 25 años y no es extraño para ellos atraer las miradas de la gente, tratando de comprobar si efectivamente son idénticos o hallar alguna diferencia, pero Óscar y Roberto ya lo toman con resignación: “Siempre ha sido así”.

Es inevitable verlos y no tratar de establecer alguna comparación, sin embargo, al platicar con ellos se van estableciendo los códigos de diferencias.

Óscar sonríe sin problemas y es más abierto a la plática; recuerda que, si bien hay fotos de cuando eran niños en las que ni siquiera ellos mismos se reconocen, “la familia y los amigos saben quién es quién, pero ser idénticos es muy difícil, sobre todo cuando llegas a las audiciones, por eso casi nunca trabajamos en el mismo proyecto”.

De hecho, sólo en una versión de la obra de teatroPinocho, en el Teatro de los Insurgentes, pudieron coincidir laboralmente los hermanos.

Ambos recuerdan que desde niños tenían el deseo de hacer una carrera artística, por eso estudiaron el bachillerato en una escuela del INBA, después la licenciatura en Danza Contemporánea en el CNCA, y de ahí en adelante muchas audiciones.

Óscar tuvo suerte y empezó en Mi bella dama, en tanto que Roberto logró colocarse como parte del cuerpo de baile en el programa de televisión Operación triunfo.

Pero ambos coinciden en que no fue nada fácil, primero porque, acostumbrados a estudiar, entrenar, audicionar juntos, cada uno fue trazando su propia historia. Así Óscar llegó a El violinista en el tejado, mientras que Roberto formó parte de la obras Regina y Amor sin barreras, entre otros montajes.

Óscar recuerda: “Sí, es difícil y te sientes mal si uno de los dos no se queda en una audición, porque se te cruza ese sentimiento de hermano, pero también tienes el deber de ser profesional y hay que seguir”.

Para Roberto, quien es más reticente al diálogo, tal vez más serio, más allá de las conexiones y los supuestos poderes mágicos que se dicen tienen los gemelos, “a nosotros no nos ha pasado nada de eso, pero lo más importante es saber que tienes a alguien en quien confiar. Cuando veo a mi hermano en el escenario me estoy viendo a mí y trato de hacer correcciones y mejorar”.

Una de las cosas que más les molesta por ser gemelos, expresa Roberto, es que traten de crear una rivalidad entre los dos, “no existe tal, pero siempre hay comentarios de que si Óscar baila mejor que yo o quien canta mejor, creo que físicamente tenemos los mismos recursos, hasta el timbre de voz es muy parecido”.

Para Roberto, el participar en Hoy no me puedo levantar ha sido una de las mejores experiencias de su vida “porque hacer teatro se vuelve un poco rutinario, nada puede ni debe cambiar, si no las cosas saldrían mal, pero creo que este musical ha venido a transformar esa regla y esta obra es diferente todos los días. Es un montaje agotador con 14 coreografías y en donde lo mismo puedo además de bailar, cantar o incluso, en un caso excepcional, alternar uno de los personajes”.

En el caso de Óscar, asegura que su paso por los musicales ha sido más bien por los clásicos como Mi bella dama, El violinista en el tejado y ahora en Los productores, “aunque no son obras para bailarines, he podio desarrollarme”, de hecho recuerda que cuando su hermano se quedó en Hoy no me puedo levantar tuvo que dejar Cabaret y él entró en su lugar.

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